Según rezaba el cartel colgado en el tablón de anuncios de la universidad UTD “dos chicas buscan compañera de apartamento, para compartir gastos de alquiler, llamar al tf. 935555666” Raquel pensó que si aún estaba colgado el cartel era por que no se habían decido por nadie ya que el anuncio llevaba una semana colgado. – Este puede ser mi día de suerte. Llamo desde su móvil y le contesto una voz alegre y juvenil
— ¿Diga? —
— Hola llamaba para ver si ¿todavía estabais buscando compañera de apartamento? —
— Si, aún no hemos encontrado a nadie que se adecue a lo que buscamos. Si quieres esta misma tarde sobre las siete podemos vernos, ¿Puedes tomar nota de la dirección? —
— Si, si, dime —
— Calle tejedor, nº 21 sexto piso, puerta C. ¿Has tomado nota? —
— Si, nos vemos ahí esta tarde. Cuando colgó Raquel pensó que debería pasar por la pensión después de clases y antes de ir a la reunión, que pensarían si la ven llegar con la palma de la mano llena de bolígrafo rojo y la dirección anotada, además se lavaría el pelo ya que se le había engrasado después de dos días trabajando en el laboratorio con todos esos productos químicos. —
A la hora de la comida Sonia informo a su compañera Berta; de que por la tarde a las siete tenían una entrevista con Raquel, al parecer una recién llegada a la universidad para el segundo trimestre y que estaba interesada en compartir apartamento.
— Me parece perfecto Sonia, ¿pero ya le has informado de cuales son los inconvenientes? —
— No que quieres que ni siquiera venga a la cita. Cuando venga ya lo verá y si aún así le interesa entonces se lo explicamos y la convencemos de que tampoco es para tanto. O también nos podemos esperar y cuando lleve unos días con nosotras le explicamos el porque de nuestro secreto.Por la tarde a la hora convenida Raquel puntual a su cita se encontraba delante del nº 21 de la calle Tejedor. Le sorprendió que la puerta estuviera abierta y lamento que no hubiera ascensor porque era un sexto piso, aunque asi no la frenó para seguir pensando que era un día de suerte, su tercer día en la universidad y ya había encontrado apartamento. Bueno todavía no pero estaba segura de caerle bien a sus nuevas compañeras. Llegó al rellano del sexto piso casi sin aliento, respirando entrecortadamente, llamó al timbre de la puerta C. Aunque que raro la puerta también estaba abierta, la empujo un poco con la mano y la puerta termino de abrirse, ¡OH¡ no podía creer lo que estaba viendo… —
Una vez instalada en el apartamento, tumbada en la cama de su habitación y contemplando las paredes todavía desnudas de algún póster o cuadro, porque en realidad aún no había tenido tiempo de colocar todas sus cosas. Pensó en su situación – Pocas fiestas podré organizar dijo casi en un susurro. Y al volver a pensar en sus compañeras recordó lo extraña que fue la entrevista, «Creo que se callan alguna cosa». Entonces, se dio cuenta de que aunque lo explicara nadie iba a creerla por lo que decidió guardar silencio. Al fin y al cabo era cosa de sus compañeras… y a ella no le afectaría, o si.
El campus de la universidad es como la plaza mayor de un pueblo donde todo el mundo se encuentra y sólo que aquí nadie te saluda y todos van corriendo. Entonces ¿En que se parece a un pueblo? Se preguntaran los lectores. En que es el escenario de todos los chismorreos y secretos a voces. A Raquel le gustaba porque era muy agradable poder tumbarse en el césped y estudiar los últimos apuntes al aire libre y cuando estaba cansada se giraba boca arriba y contemplaba ese cielo azul y sus maravillosas nubes blancas. Tumbada contemplando las nubes asomó por su derecha una cabeza que la miraba desde arriba, con el pelo muy rizado y gafas redondas de pasta negra, era Roni “en realidad su nombre era Romualdo” pero el siempre pedía que le llamaran Roni. Era el único amigo que había hecho en la Uni, bueno sin contar a Sonia y a Berta.
— Eh, ¿Pero que haces me estas tapando la vista? Roni sonrió y se tumbo junto a su nueva amiga y le preguntó sin dar ningún rodeo; Porque sabía que si tardaba mucho en hablar ya no haría la pregunta por miedo a que Raquel se enfadase con el. Al fin y al cabo tampoco tenían tanta confianza— — Oye Raquel ¿Tu sabes por que tus compañeras de apartamento nunca se las ha visto comer o beber? —
— ¿Por qué me haces esa pregunta? Claro que comerán lo que pasa es que a lo mejor no las has visto. —
— No, no te enfades es lo que se comenta por ahí, porque nadie las ha visto comer… ni siquiera a mediodía. – Además ¿Cómo te explicas que no tuvieran nevera en el apartamento y hayas tenido que comprar tu una?, ¿Tu las has visto comer o cenar algún día? —
Raquel se quedo pensando y aunque le molestaba el interrogatorio de Roni, reconoció que era muy raro… pero como el resto de cosas que hacían como salir todas las noches a las doce en punto y volvían a la hora y siempre decían que hacía una noche maravillosa y que les encantaba pasear bajo las estrellas.
— Hola Roni, ¿has visto a mi gata lucera? Se les acercó una chica un poco estrafalaria, no coincidían en clases pero Raquel la tenía vista del campus —. — Os dejo unas copias de la foto de mi gata, dijo dirigiendo la mirada hacia Raquel. Si la veis porfa llamar al teléfono móvil que hay en la cuartilla. Gracias y se fue sin mediar mas palabras—.
— ¿Un poco rara esta chica no? dijo Raquel y Roni se empezó a reír. Porque el si coincidía en clase con Teresa y Raquel tenia toda la razón, era un poco rara.Las clases de la tarde fueron muy aburridas, salvo la última con el profesor bacterius (le llamaban así por su parecido al medico-inventor de los tebeos de Mortadelo y Filemón). Al aparecer estaba cabreado porque su gato persa “Zalamero” aún no había vuelto de su última escapada. A las seis en punto, sonó el timbre anunciando el final de la clase, Raquel, recogió deprisa porque quería llegar al apartamento antes que las chicas con el fin de poder husmear en lo que había detrás de la puerta verde que siempre estaba cerrada con llave. No le dio tiempo pues sus compañeras llegaron temprano y solo pudo despojarse del bolso y los libros cuando sintió la llave en la cerradura de la puerta. Aquel mismo día a las doce en punto y en cuanto salieron por la puerta, correría a intentarlo de nuevo.
— Hasta luego Raquel, nos vamos a dar una vuelta dijo Sonia —. Y se escucho como cerraban la puerta tras ellas. Raquel corrió a buscar una horquilla y una lima fina para intentar descubrir el secreto que había detrás de aquella puerta verde. El miedo le hacia sudar y temblar las manos, por lo que se dificultaba mas si cabe la tarea. Después de media hora de intentarlo, y al tener pegada la cara a la cerradura. Uf que olor tan raro, pensó; huele a cebolla y ajo. Cuando ya estaba casi apunto, oyó como se cerraba una puerta lo que hizo que se cayera de culo del susto, perdiendo al mismo tiempo la orquilla que ya estaba casi girada en la cerradura. No es nada se dijo para si misma es la puerta de algún vecino. Corrió abrir las ventanas pues estaba sudando ya no sabía si del calor o del mismo miedo que tenía. Al abrir la segunda ventana vio como Sonia se agachaba a acariciar un gato que olfateaba cerca de las basuras. Ya están casi de vuelta, pensó ya no hay tiempo. Cerró las ventanas, recogió la orquilla del suelo, encerrándose en su cuarto como si todo el tiempo hubiera estado allí dentro.A la mañana siguiente fingió que se iba a la biblioteca y se quedo esperando en un banco del otro lado de la calle, medio escondida detrás de unos arbustos. No hubo movimiento alguno por parte de sus compañeras y al final se canso y pensó como podía haberse dejado enredar por Roni. Cuando se dirigía hacia el portal vio como Berta salía corriendo a tirar una bolsa de basura y al girarse para ver que no pasaba ningún coche. OH, la camiseta de Berta… estaba manchada de ¿sangre? Le temblaban tanto las piernas a Raquel que se tuvo que sentar en un pilón de esos grandes que hay de piedra. Miro de reojo y vio que Berta volvía a entrar en la portería. Cogió el móvil y llamo a Roni; — Necesito que vengas a mi casa enseguida, te espero enfrente donde están las marquesinas de los autobuses, ven pronto y colgó —. Roni sabía por la voz de su nueva a miga que algo malo pasaba. Estaba alterada, parecía angustiada y Raquel no era una de esas chicas que se deja impresionar por cualquier cosa.
Al cabo de tres cuartos de hora, llegó Roni. Raquel le explico todo lo que había pasado y entonces Roni le increpó que por que no le había contado lo de la habitación cerrada con llave, sabía que la decoración del apartamento fuera excéntrica y exagerada en colores. Eso ya las convertía en raras.
— Vamos a tomar algo y me lo explicas todo detenidamente y desde el principio. Se sentaron en una cafetería y mientras Raquel le explicaba lo que vio el primer día en que se instaló en el apartamento, Roni ponía unas caras de incredulidad y repulsión al mismo tiempo—.
— Pero ¿Por qué te quedaste con ellas? Porque en el fondo es raro pero tampoco no es nada malo cada uno vive como quiere y mi cuarto era lo suficientemente grande como para poder hacer vida en el sin tener que compartir los sitios comunes, bueno excepto el baño y ya ellas tienen mucho cuidado de sacarlos de la bañera antes de que yo entre—.
— Mira Raquel, estas muy alterada, creo que lo mejor es que te vengas a mi apartamento, comemos, vemos un poco la tele y luego cuando estés mas tranquila, te acompaño a casa y si quieres entre los dos intentamos ver lo que hay detrás de esa puerta. Raquel acepto, porque no estaba preparada para volver a casa en ese estado —.
— Roni, Raquel nos vamos a dar nuestro paseo, hasta luego —. Se oyó cerrar la puerta dejaron pasar unos minutos para asegurarse que no retrocedieran y se pusieron manos a la obra. Después de 10 minutos intentándolo, ¡Por fin¡ la cerradura cedió y se abrió la puerta. Raquel encendió la luz de aquel cuarto a oscuras. ¡Dios mío, pero que es esto¡ no entendía nada… una mesa con dos sillas unas estanterías llenas de botes con arroz, harina, azúcar, .café y una caja de galletas un tarro con magdalenas… debajo de las estanterías había una fregadera y a continuación una cocina con horno «¡Pero si tienen hasta una nevera! Abrió la puerta de esta y tenían refrescos, leche, verduras, mantequilla, queso… »
— Las muy ratas, lo que hacen es comer a escondidas para no compartir su comida. Defraudados, Roni porque ya no había misterio y Raquel por la jugada de traición y desconfianza. Salieron de la habitación y cuando iban a cerrar de nuevo se dieron cuenta que se les había caído la horquilla dentro del cuarto —.
Raquel volvió a entrar y su curiosidad no le permitió salir sin antes destapara la olla que había encima de los fogones, quería saber que guiso habían comido al mediodía , dio un grito espantoso, que le salió del alma, tiro la tapadera al suelo y salió corriendo de la casa. Mientras corría calle abajo no podía apartar de su mente esas cabezas de gatos flotando entre verduras y patatas…